Hacía frío, ese 22 de Octubre del 2003, eran las 22:00 P.m en el Hospital Carlos Van Buren. Mi abuelo estaba ahí internado. Vacío de gentes me dispuse a llegar al 4to piso para dejarle unas cosas que le habían solicitado a la familia del paciente, caminé por los pasillos del hospital acompañada de un escalofrío y de ése olor que es muy característico, los pasillos de los hospitales sulen ser muy fríos de noche. Con un permiso especial entré a verlo, entré le ví, sus ojos cerrados, su cuerpo fatigado a causa del dolor, junto a él estaban otros enfermos que a penas recuerdo. Era él el que me traía.
Dos años antes de aquel día de Octubre había empezado a compartir más con mi abuelo, todos los días a la hora de mi colación iba a cocinarle, debo confesar que cocino gracias a él, cocinaba, comiamos mientras conversabamos, luego jugabamos a los naipes, (mi abuelo era brisquero) le encantaba apostar, claro que no eran mas de $30 pesos. Las tardes con mi Papi como solía decirle estaban llenas de sus historias, fueron sus cuentos los que me ayudaron a conocerlo, en esos almuerzos recorríamos su infancia llena de travesuras, sus dolores...
La niñez del Panchito fué dura, su madre lavaba ropa y cocia para tener con qué alimentar a sus dos hijos, él a veces cargaba bolsos en la feria para comprarse cosas y ayudar a su mamá. Aunque fué a la escuela, deserto pequeño tras los tirones de pelo y los varillasos del profesor, "prefería jugar", me decía. Me contó que detras del seminario(actual seminario san rafael) se tiraba con unos amigos en una especie de tobogan a unas posas, me contó que una vez sacaron unas paltas (por travesura, aclaraba) y que por lo general despues de la feria, hacían la cimarra, se iba con sus amigotes, unas cebollas a pasar la tarde allá. Otra de sus historias fué la de ese día en que se ganó una gran golpiza por tomar unos centabos de un cajón para comprarse un famoso "enguindado" (era como la coca-cola de hoy)
Mi abuelo fué guapo de joven y de viejito tambien, siempre lo vi solo... Mi abuelo quedó solo cuando mi abuela queriedo una mejor vida se volvió a casar. Supe que tuvo una polola despues con los años pero ella murió... A veces ví a mi abuelo quebrarse, a veces... A veces lo abrazaba, a veces se dejaba abrazar... su cuerpo se sentía duro, como con cierta rigidez, aún así le abrazaba.
Ese día en el hospital, mi papi respiraba con dificultad; ése día estuve junto a su cama, a su lado, le tomé su mano, besé su frente y le pedí a Dios por él, le pedí que ya no sufriera más, que se lo llevara, que lo ayudara con su dolor... Ese día me despedí entre lágrimas.
La madrugada del 23 de octubre 2003 me informaron que él había fallecido, y yo lo supe antes...
Panchito, así le decían en el Hospital en el cual trabajó muchos años...Fué muy amado por sus hijas, por sus nietos, por todos sus compañeros de trabajo y por su preocupado hermano...
Hoy quize compartir que Amé y admiré profundamente a este hombre, hasta hoy el recuerdo vivo que mantengo de él me refugia en sus fuertes brazos.... La bondad, la generosidad que emanaban de él lo mantienen vivo en mí, su sencibilidad y las lágrimas contenidas en sus ojos, producto de su difícil vida son un recuerdo que llevaré conmigo siempre.
Este es un pequeño homenaje a quien fué muy importante en mi pequeño universo...Para que todos sepan que existió...
«Mi padre murió el miércoles. Había deseado mucho que viviera unos pocos años más y veo su muerte como el último de los sacrificios que hizo por mí; ...murió por mí con el fin de que, de ser posible, pueda convertirme todavía en algo. De todo lo que he heredado de él, su recuerdo, su transfigurado retrato... es lo más preciado para mí, y tendré mucho cuidado de preservar su memoria escondida a salvo del mundo».
Dos años antes de aquel día de Octubre había empezado a compartir más con mi abuelo, todos los días a la hora de mi colación iba a cocinarle, debo confesar que cocino gracias a él, cocinaba, comiamos mientras conversabamos, luego jugabamos a los naipes, (mi abuelo era brisquero) le encantaba apostar, claro que no eran mas de $30 pesos. Las tardes con mi Papi como solía decirle estaban llenas de sus historias, fueron sus cuentos los que me ayudaron a conocerlo, en esos almuerzos recorríamos su infancia llena de travesuras, sus dolores...
La niñez del Panchito fué dura, su madre lavaba ropa y cocia para tener con qué alimentar a sus dos hijos, él a veces cargaba bolsos en la feria para comprarse cosas y ayudar a su mamá. Aunque fué a la escuela, deserto pequeño tras los tirones de pelo y los varillasos del profesor, "prefería jugar", me decía. Me contó que detras del seminario(actual seminario san rafael) se tiraba con unos amigos en una especie de tobogan a unas posas, me contó que una vez sacaron unas paltas (por travesura, aclaraba) y que por lo general despues de la feria, hacían la cimarra, se iba con sus amigotes, unas cebollas a pasar la tarde allá. Otra de sus historias fué la de ese día en que se ganó una gran golpiza por tomar unos centabos de un cajón para comprarse un famoso "enguindado" (era como la coca-cola de hoy)
Mi abuelo fué guapo de joven y de viejito tambien, siempre lo vi solo... Mi abuelo quedó solo cuando mi abuela queriedo una mejor vida se volvió a casar. Supe que tuvo una polola despues con los años pero ella murió... A veces ví a mi abuelo quebrarse, a veces... A veces lo abrazaba, a veces se dejaba abrazar... su cuerpo se sentía duro, como con cierta rigidez, aún así le abrazaba.
Ese día en el hospital, mi papi respiraba con dificultad; ése día estuve junto a su cama, a su lado, le tomé su mano, besé su frente y le pedí a Dios por él, le pedí que ya no sufriera más, que se lo llevara, que lo ayudara con su dolor... Ese día me despedí entre lágrimas.
La madrugada del 23 de octubre 2003 me informaron que él había fallecido, y yo lo supe antes...
Panchito, así le decían en el Hospital en el cual trabajó muchos años...Fué muy amado por sus hijas, por sus nietos, por todos sus compañeros de trabajo y por su preocupado hermano...
Hoy quize compartir que Amé y admiré profundamente a este hombre, hasta hoy el recuerdo vivo que mantengo de él me refugia en sus fuertes brazos.... La bondad, la generosidad que emanaban de él lo mantienen vivo en mí, su sencibilidad y las lágrimas contenidas en sus ojos, producto de su difícil vida son un recuerdo que llevaré conmigo siempre.
Este es un pequeño homenaje a quien fué muy importante en mi pequeño universo...Para que todos sepan que existió...
«Mi padre murió el miércoles. Había deseado mucho que viviera unos pocos años más y veo su muerte como el último de los sacrificios que hizo por mí; ...murió por mí con el fin de que, de ser posible, pueda convertirme todavía en algo. De todo lo que he heredado de él, su recuerdo, su transfigurado retrato... es lo más preciado para mí, y tendré mucho cuidado de preservar su memoria escondida a salvo del mundo».
Kierkegaard
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