martes, 27 de noviembre de 2007

Unamuno

"Señor, no me desprecies...Señor, no me desprecies y conmigo lucha; que sienta, al quebrantar tu mano la mía, que me tratas como a hermano, Padre, pues beligerancia consigo de tu parte; esa lucha es la testigo del origen divino de lo humano. Luchando así comprendo que el arcano de tu poder es de mi fe el abrigo. Dime, Señor, tu nombre, pues la brega toda esta noche de la vida dura y del albor la hora luego llega; me has desarmado ya de mi armadura, y el alma, así vencida, no sosiega hasta que salga de esta senda oscura."
"La unión con Dios Querría, Dios, querer lo que no quiero; fundirme en Ti, perdiendo mi persona, este terrible yo por el que muero y que mi mundo en derredor encona. Si tu mano derecha me abandona, ¿qué será de mi suerte? Prisionero quedaré de mí mismo; no perdona la nada al hombre, su hijo, y nada espero."¡Se haga tu voluntad, Padre!"-repito-al levantar y al acostarse el día, buscando conformarme a tu mandato, pero dentro de mí resuena el grito del eterno Luzbel, del que quería ser, ser de veras, ¡fiero desacato!"

jueves, 15 de noviembre de 2007

¿Quién puede robarnos esos segundos?...

Quisiera acallar las voces, que dejen de sonar los pasos en mi cabeza, que ya no hable más la radio, alejar el sonido de la puerta que cruje acá en mi pasillo, huir de lo cotidiano...
Luego, cerrar los ojos, sentarme (como alguién que espera), quedarme quieta (como quien se entrega) y por un segundo sentirme en tus brazos, abrazarte, abrazar tu luz, tu ser, tu presencia (la que tanto deseo sentir).
... Y por unos segundos en el día ser todo Silencio contigo.

Hay unos segundos que nadie, nadie puede robarnos, segundos en los cuales todo nuestro ser le pertenece a Dios.