"Señor, no me desprecies...Señor, no me desprecies y conmigo lucha; que sienta, al quebrantar tu mano la mía, que me tratas como a hermano, Padre, pues beligerancia consigo de tu parte; esa lucha es la testigo del origen divino de lo humano. Luchando así comprendo que el arcano de tu poder es de mi fe el abrigo. Dime, Señor, tu nombre, pues la brega toda esta noche de la vida dura y del albor la hora luego llega; me has desarmado ya de mi armadura, y el alma, así vencida, no sosiega hasta que salga de esta senda oscura."
"La unión con Dios Querría, Dios, querer lo que no quiero; fundirme en Ti, perdiendo mi persona, este terrible yo por el que muero y que mi mundo en derredor encona. Si tu mano derecha me abandona, ¿qué será de mi suerte? Prisionero quedaré de mí mismo; no perdona la nada al hombre, su hijo, y nada espero."¡Se haga tu voluntad, Padre!"-repito-al levantar y al acostarse el día, buscando conformarme a tu mandato, pero dentro de mí resuena el grito del eterno Luzbel, del que quería ser, ser de veras, ¡fiero desacato!"
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